En Cusco, la población campesina clasifica la temporada de lluvias como ‘febrero loco’ y ‘marzo de resaca’. Pero esta vez la resaca se anticipo en enero y un peligroso río Vilcanota arrasó todo a su paso, registrando su récord histórico de violencia con 1,100 m3/segundo. En Aguas Calientes, 4,000 turistas estuvieron inmovilizados durante cinco días mientras las FF.AA. los trasladaban al cusco. Martina, una argentina de un grupo de ocho compañeras universitarias que cedió su lugar en el helicóptero de evacuación hasta el final, anunciaba el viernes 29 al ser evacuada: “¡El Ejército nos ha salvado!”.
Hugo Do Amaral, un carioca, decía a su vez que “el Perú nos ha tratado excelente, al margen del alcalde de Aguas Calientes, Reynaldo Vargas”. Al igual que Hugo, habitantes de la zona requirieron que la autoridad no les dejó dinamitar piedras grandes para hacer muros de sujeción. Y con ello, la poca prevención en el pueblo y el resto de la región se resumen, entre otros, en 25,000 damnificados y 14,000 hectáreas agrícolas inundadas.



